Con valor de mujerNi más ni menos
Cuando la vida se nos va entre las manos
Candelaria Rodríguez
Mi amiga entrañable Leticia a la cual conozco hace muchos años, desde nuestro paso por la universidad, le agradezco la paciencia por mis espacios prolongados de ausencia en mis entregas a este medio, lo mismo la extrañeza para mis muchos o pocos lectores/as, sin embargo, uno de mis seres de luz, de energía, de fortaleza, de sol, porque todo eso me formó, que es mi madre se mantenía en una lucha constante por permanecer en este mundo, pero el bendito cáncer se llevó su cuerpo, pero su ser trascendió al plano más sublime.
Y el final llegó.
Para llegar al final de haber cumplido una misión en este planeta, en este mundo, como lo sostienen las religiones, cuando se refieren a la muerte, no hay fecha que no se cumpla. Puede ser un bebé u una beba, un niño/a, adolescente, adulto/a, no hay edades, como tampoco hay formas ni modos, en que la misión llegue a su fin, y con ello, apagar y terminar la vida material en la que las personas se desempeñan en este plano material.
A final de cuentas cuando se dice que la misión ha sido cumplida, misión por la que se llega a este mundo, las personas se van, sin despedirse, (accidentes), y en muchos casos logran despedirse (enfermedades prolongadas y de sufrimientos).
Y es cuando pensamos, porque si su tránsito, cualquier tiempo vivido (1, 4, 19, 40, 70 100 años etc.) tiene que ocurrir con tanto sufrimientos, con enfermedades que deterioran el cuerpo de los seres amados/as en una lucha por la sobrevivencia y en donde la ciencia se ve inútil porque no hay cura hasta hoy para las diferentes enfermedades que son fulminantes como el cáncer.
Pido disculpas por ocupar este espacio, pero me es importante también para la reflexión en esto que duele de una manera que nada inexplicable, más bien explicable, porque si encontramos explicación al dolor que causan las pérdidas de las personas que amamos, como una madre, esa mujer, que en su mayoría nunca tienen vida hasta que crecen los hijos/as, si acaso no la carga con los nietos/as mueren de dolor, de cansancio, en medio de una gran indefensión, cuando a edad madura (ancianas) se someten al cuidado desmedido o no, de quienes están a su lado.
Mirar como la vida se nos va entre las manos, cuando las opiniones de los médicos/as dicen que solo hay que esperar, y así la familia espera el desenlace que puede durar días, semanas, meses o hasta años en un sufrimiento generalizado para quienes luchan por ese ser que se ama.
Mirar como la carne se descompone, y los quejidos impiden cerrar los ojos, en las guardias de las noches llenas de estrellas con su centro de la luna redonda que se observaba en un inmenso universo en la clamación de pedir la sanación de un cuerpo que habría que entregarse de donde vino, a la tierra.
Si, el universo nos escuchó, por que esa señora de 80 años (Enedina Sosa Condado), versadora, auténtica jarocha, dejo de sufrir. Mientras el cáncer sigiloso avanzaba y se comía su rostro, se metía en sus entrañas, ella dejó de sentir dolor. Dejo de miar, dejo de hablar, dejo de moverse, y entre su presión arterial, alta y baja, baja y alta, temperatura, y mientras su color de piel quemado de sol, se volvía amarillo, y de caliente a frío, ella, dejó, dejó, dejó de respirar….y sonriendo nos abandonó, sumidos/as en un gran dolor de su grande ausencia....
Desde aquí, agradecer a nombre de la familia Rodríguez Sosa, a todos/as las personas su solidaridad, sus palabras de alientos, sus mensajes, su amor para que este dolor sea pasajero.
Por hoy…
Respire profundo, llene su cuerpo de la energía necesaria y deléitese del Universo, y sonría.
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