
La perversión
Eduardo González Silva
La administración felipista se lleva todas las palmas de oro por sus mentiras y engaños, que para su justificación las niegan a como dé lugar, con lo que caen en absurdos que ni un menor de edad les podría creer.
Anteriormente en este espacio, en su momento, se mencionó lo del ya olvidado boquete financiero por 300 mil millones de pesos en las finanzas nacionales, y por lo que no había dinero en ese caso para enfrentar la pobreza, entonces el Congreso federal debía aprobar un impuesto del dos por ciento para enfrentar el problema.
El priísta Francisco Labastida, aclaró que los panistas exageraron, que no era cierto lo del boquete financiero y por el contrario que tienen guardados alrededor de 150 mil millones de pesos, producto de los subejercicios de la administración federal, dinero que envían a fideicomisos y del cual ya ahí nadie sabe, nadie supo cuál es su destino final.
La estrella de estos días, es el titular de Educación Pública, Alonso Lujambio, a quien el relator especial sobre el Derecho a la Educación de la ONU, Vernor Muñoz Villalobos, luego de una visita de 11 días en el país, le dijo que hay una asociación entre la Secretaría de Educación Pública y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, misma que mantiene supeditada a la autoridad gubernamental a la organización sindical, y ambas entidades a su vez frenan el avance de la educación en México.
Lujambio, extraño y oscuro personaje, cercano a la comiteca Elba Esther Gordillo, que ante la barbarie mexicana de ser el primer país en el mundo en materia de sobrepeso y obesidad, cínicamente reconoció que el asunto en México ya llegó a un nivel de preocupación extrema.
Así, surgió el debate en el ámbito nacional de regularizar la venta de alimentos y bebidas en las escuelas públicas del país “sin ninguna excepción”, desde las cooperativas escolares hasta las tiendas concesionadas.
Dicho funcionario aseguró que las secretarías de Educación Pública y de Salud ejercerán “cabalmente” su autoridad para concretar el proceso de regulación en el consumo de “ciertos productos”.
Y en defensa oculta de las empresas de una buena parte de la industria alimentaria (refresqueras y de los alimentos chatarra), salió con una de vaqueros, de que la causa principal de la obesidad y el sobrepeso se debe a las tareas escolares, pero no conforme a ese absurdo, el ilustre sujeto se fue con otra, de que se debe promover el aprendizaje de los padres de familia a fin de mejorar la salud alimentaria de los escolares.
El encargado de la SEP, entonces responsabiliza a los padres de familia, cuando en este país una de sus principales características es la ignorancia de la población, la que ocupa uno de los últimos lugares en aprovechamiento escolar en el mundo, que poco o nada ha de saber de las cualidades nutricionales de los escasos alimentos a los que tiene acceso.
Hay una evidente perversión del felipismo, de llevar al país a los tiempos de la esclavitud, de acaparar la riqueza que se produce año con año, cimentar así en este año patriótico una nueva clase monárquica y con falsedades justificar ese propósito.








