Asfalto tierno
René Delios
Para Azul, mi nieta inquieta; para Arit, su madre y Rommel su padre, además de su abuela que vuelta, la Tinísima Rodríguez
No deja de sorprender que dos agentes de tránsito de Tuxtla Gutiérrez, hayan sido acusados de abuso de autoridad y hasta de despojo, por parte de un ciudadano. Lo cierto es que son muchos más los que se callan y más aún los que negocian con éstos para librar multas excesivas, puestas en vigencia por Pablo Salazar so pretexto del alcoholímetro, cuando todos los bolos tras el volante se deberían ir a El Amate, por poner en riesgo con el solo hecho de conducir ebrios, la vida de terceros.
Y quien meta las manos al fuego por algún agente de tránsito en este y otros ayuntamientos, pues que enseñe la primera apuesta.
Las reseñas sobre los abusos de los agentes de tránsito son vastas, no sólo en Tuxtla, desde luego, pero en ésta se ubica a los más osados e inclusive, van a parar a la cárcel como se reseñó hace unos días.
Dos vivencias más pudieran aleccionar sobre el particular, aparte del despojo que vivió un ciudadano por dos patrulleros: el hecho tremendo que les toca vivir a los camioneros de fuera, a los que detienen los viernes principalmente, para averiguarles tarjetón y licencias de Oaxaca –por ejemplo- y “ver si son legítimas”, mientras tanto unidad y chofer se van al corralón y a la preventiva, a la víspera del sabadazo, cuando ese chofer tiene que entregar encargo esa noche o a más tardar al otro día temprano.
Los caza-bolos a la salida de los antros, en especial damitas, que fue lo que motivó la vigencia de que a dama ebria no se le baja de su unidad, hasta que llegue un familiar, por el cúmulo de denuncias de los agandalles de esos abusivos que, para colmo, se sienten unos perdona-vidas.
Visto por este escribidor de bodrios, a un empleado del ayuntamiento mismo, lo detienen cuando, ese mismo día había pagado un permiso de un mes para transitar con carro nuevo por la ciudad, y de pronto una patrulla le habla a través del altavoz y lo obliga a detenerse.
¿Por qué?
En el medallón de la unidad está el permiso original, con fecha y firmas y folio y todo del mismo día de la detención, y pese a ello, le piden la copia de la factura de la unidad, para verificar si es el dueño.
¿Qué, son parte de la procuraduría de justicia?
Qué bueno que metieron al bote a esos abusivos, me cae: y mejor que el ayuntamiento ni chistó por ellos.
Son una verdadera amenaza con uniforme, que se sienten una mezcla de ministerio público, porque cuestionan asuntos que no son de su competencia: si preguntan por licencia y se la muestran, si preguntan por tarjetón y se lo muestran y están en regla, ¿por qué tienen que preguntar más?
Siempre amenazan con llevarse las unidades al corralón, o con consignar al conductor.
Abusivos, corruptos, malos funcionarios públicos.
¿Por qué –se pregunta- no les ponen una placa con su nombre y una nomenclatura?
No son judiciales, no persiguen a narcos, sino a ciudadanos bolos o que se pasaron el alto. Pero contrario sensu, uno como simple ciudadano víctima de ellos, bien puede denunciarlos a través de esa placa.
Se acabaría la corrupción, digo yo, y también las cuotas de que la gente habla.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!



