Directora Leticia Hernández Montoya ::: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Tubo de Ensayo

Un des-cuento

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Tubo de ensayo


René Delios


En la facultad sus cuates le decían  Atascateótl, debido a su acendrado gusto por una nutrida variedad de sustancias que alteran la conciencia y te ponen chido.
Estudiaba sociología y humanidades; sus maestros le reconocían talento, aunque a veces no entendían los comentarios extraños que profería en clases: “La transfiguración del prototipo femenino en el tex-mex parece tener raíces en la antigua diosa Coyolxauhqui, y eso es, quiéranlo o no, ausencia de sincretismo en la posmodernidad, triunfo definitivo del México arcaico”, dijo en una ocasión.
No importaba para el buen Atasca la censura de aquellos que criticaban el ejercicio de su libertad para usar sustancias que expandieran su consciencia a otras dimensiones: “Son más nefastos, neuróticos y locos los que no consumen nada y condenan con prejuicios sumamente burgueses”, pues decía Atasca que era mejor fumar marihuana que tabaco, consumir un ajo –ácido- que alcohol, comerte unos honguitos que carne de animal sacrificado cruelmente en horrendos rastros. También recomendaba que en momentos de extrema escasez económica -cuando no le depositaban sus papás la quincena-, se aprovechara la generosidad de la madre naturaleza y se cortaran de cualquier jardín xalapeño o coatepecano, unos amarillos y lindos floripondios, cuyos efectos narcóticos se potenciaban en una sencilla infusión.
Y fue precisamente para evitar esos decadentes estados de necesidad, que pensó arreglarse con su proveedor y él mismo vender en la Uni, unos pases.
Con las ganancias de tan redituable actividad, Atasca se consiguió una novia, compró muchos libros, discos, películas de cine de arte y hasta juntó lo de un boleto para pasar el verano en Europa -el único sueño pequeñoburgués que aceptaba tener. Pero, desgraciadamente, eso nunca sucedió, porque la policía lo detuvo en flagrancia en pleno conecte con unos batos encubiertos, pues no fueron pocos los master que reportaron a la rectoría que, no eran pocos los muchachos y muchachas que llegaban bien “eeeesos”, a clases.
Aunque sus amistades y sus clientes hicieron algunas manifestaciones pacíficas en “Pacho Viejo”, no se consiguió nada; se quedó en el “fresco bote”.
Matraz
El des-cuento es la historia real de un joven de una universidad privada o pública, que tuvo la mala suerte de ser embaucado por un distribuidor y lo trabaron en la venta.
Por las tardes, cuando no junto los ojos de bolo o los trabo viendo pasar muchachas indiferentes, observo detenidamente a mis adolescentes, valoro la lozanía de su rostro, la nitidez de sus ojos, la flexibilidad y torrente de sus palabras, para observar algún cambio de actitud y luego les digo que el trago se gana, porque si no te gana.
Que el trago de gorra es lo más sabroso pero a la vez, te va haciendo irresponsable, hasta que te domina, y que en el ámbito de las drogas -espacio que no conozco y los cercanos lo pueden certificar si les da la gana- poco podía aportarles y que mejor platicaran con un chavo que conocí en los tiempos alegres en que a los treinta años, trabajé para el IFE durante la campaña de credencialización, pues su hijo, estaba encarcelado por “burrito”, cuando fue un pedo eso pues la izquierda desbordada –como siempre- cuestionaba esa credencial porque decían era para que gobernación, nos tuviera bien ubicados.
Hoy desearíamos que así fuera, para ubicar a tanto narco desalmado, no que esa pinche credencial hoy vale más que la persona: sin esa credencial no eres “tú” para nadie. Hay que enseñarla en la calle, en el banco, en el puto aeropuerto, y hasta a tu mujer antes de entrar al cuarto.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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