Directora Leticia Hernández Montoya ::: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Ligado a ritos religiosos…

El alcohol, la más cruda forma de control social: historiador
Fredy López Arévalo l Juan Blasco es historiador de la Universidad Autónoma de Chiapas. Me acaba de dar la grata noticia de su jubilación. Se retira de la cátedra, pero no deja de ser un historiador importante que ha vivido en Chiapas desde hace muchos años. Es de origen ibérico y dice un chascarrillo: “Si aquí en San Cristóbal de Las Casas hay algún español, ése soy yo.” Esto porque entre los coletos sobran quienes se sienten más españoles que Diego de Mazariegos.
Habla acerca del alcohol, que está ligado a cuestiones espirituales, a ritos paganos, religiosos, pero también a la más cruda forma de control social y acumulación de capital, sobre todo a principios y mediados del siglo pasado. Vamos a reflexionar un poco respecto a una publicación poco conocida y difundida que un investigador del desaparecido Instituto Nacional Indigenista (INI), el antropólogo Julio de la Fuente, elaboró entre 1954 y 1955, y que no fue editada hasta hace muy poco. La investigación estuvo engavetada medio siglo y ahora que salió a la luz pública no se le encuentra en las librerías de San Cristóbal de Las Casas. Por eso la entrevista con el historiador Juan Blasco, para hablar de este tema tan importante para la historia local.
Fredy: ¿Qué nos puede referir Juan Blasco acerca de la relevancia de esta publicación, de la censura durante tantos años y que aún impera?
Juan: El tema del aguardiente es de total actualidad, y no solamente aquí en Chiapas sino a nivel mundial, pues tiene la característica de que es, por así decirlo, de las drogas legales, así como hay otros productos considerados peligrosos y por lo tanto prohibidos, como suele ocurrir con la mariguana y todos los derivados del opio, y sin embargo deberían ser ya una tradición cultural y milenaria. Con el alcohol tenemos una actitud mucho más condescendiente, con la cual yo estoy de acuerdo, pero también es cierto que genera muchos problemas, tantos o más como cualquier otra droga y, de hecho, en el caso de Chiapas, que hoy nos ocupa, desde la llegada de los conquistadores; no es que no existiera el alcohol anteriormente: se bebía la chicha y otros productos, pero de una baja graduación. Con los españoles llegaron la producción de caña y la destilación.
La segunda al principio generó destilados incentivados para su consumo por los indígenas y podemos decir que este libro del que estamos comentando analiza lo que fue el periodo más dramático de ese control sobre las comunidades por medio del alcohol y también de la lucha por el control de los beneficios enormes que generaba.
Por un lado, era un producto mal visto por sus consecuencias sociales, pero por otro generaba enormes beneficios, no sólo para los productores privados sino también para el Estado, que sistemáticamente cobraba impuestos. El libro de Julio de la Fuente no sólo es suyo sino de un gran equipo del cual él fue coordinador. Tuvo un gran valor porque en su momento respondió a una solicitud del propio Estado y de las autoridades del INI para realizar un análisis profundo y sincero acerca de la problemática del alcohol. Y se da la situación de que el propio Estado que incentivó la investigación, que llevó varios años y produjo un resultado excelente, luego se desentendió de los resultados, e incluso ya no sólo éste sino el propio INI, que fue el promotor de esta investigación, no consideró oportuna su publicación.
Ésta es una de las cuestiones que debemos planearnos: por qué el propio Estado que se interesó en esto terminó boicoteando la difusión del libro, y por qué aún 50 años más tarde sigue siendo una obra bastante incómoda, que sí fue presentada en el Teatro “Zebadúa” pero que no se ha puesto a la venta. Yo no conozco ningún punto de venta. Nos lleva también a preguntarnos un tema muy incómodo que es del monopolio alcoholero que se alcanzó a partir de los años cuarenta y que estuvo en manos de una sola familia en todo el estado, que tuvo el control de la producción, de la distribución, de la venta del aguardiente y que provocó una gran cantidad de violencia. Y si curiosamente nos ponemos a buscar un paralelismo, recuerda en algo a la época de la ilegalización del alcohol en Estados Unidos. En este caso no podemos decir que el monopolista era un hombre ilegal. No, era uno perfectamente documentado y representante de los grupos de poder chiapanecos, pero se dio también mucha violencia, equivalente a la que vemos en las películas de Eliot Ness y Los intocables. La diferencia es que aquí era legal y controlado por una sola persona.
Fredy: Y contra los indígenas…
Juan: Sí, los indígenas no podían… A ellos les estaba vedada la producción del aguardiente. Esto fue una característica histórica. Desde su implantación se vio que era un producto muy importante no sólo por el disfrute del producto sino también por el control de las comunidades, ya que los indígenas no lo producían y sí lo consumían. Entonces, las leyes fueron para prohibir que ellos pudieran destilar el aguardiente. Esta situación se mantuvo, casi sin cambios, hasta mitad del siglo XX, pero, claro, los efectos sociales de la Revolución Mexicana en Chiapas hicieron que por un periodo se perdiera el control sobre las comunidades y, de hecho, en los años treinta y cuarenta hay muchos indicios de que en éstas no sólo se consumía el aguardiente sino que también lo producían. Contra esa producción clandestina, a diferencia de la oficial, se lanzó el monopolio alcoholero, desatando un proceso de violencia que fue llamado, posteriormente, La Guerra del Posh, porque, efectivamente, hubo numerosos muertos, tanto de un lado como del otro, realmente una situación de pánico que llevó a muchas comunidades a huir y desavecindarse. Hubo ataques a los agentes fiscales. Verdaderamente ése fue el motivo por el cual se encargó a Julio de la Fuente que investigara este problema, pero el resultado de este informe no gustó.
Fredy: No gustó por el poder mismo de quienes estaban detrás, ya que se constituyó todo un imperio detrás de este monopolio del alcohol, una supremacía económica y política también.
Juan: Efectivamente, hay una familia: los Pedrero, bien conocidos en San Cristóbal, fueron los que alcanzaron este monopolio, pero no estaban solos. Había intereses políticos detrás de ellos, porque al concederles ese monopolio se estaba dando un enorme beneficio y no era sólo a una familia.
Yo he estado reconstruyendo los antecedentes de este monopolio y es una tendencia que se da desde los años 20. El Estado se inhibe de alguna forma del cobro de los impuestos y delega en particulares que pagan cantidades fijas y se encargan ellos de las actividades de producir y controlar el aguardiente. Pero lo que empezó siendo un monopolio a nivel local, con los años se fue convirtiendo en una concesión a nivel de departamentos y en los años cuarenta esta familia, que ya llevaba más de 20 años en este sector productivo, alcanzó un monopolio único. Que yo sepa, en el estado, y no sé si en otros de la República, se pudo haber dado donde ellos controlaban desde la producción de la caña de azúcar, la destilación del aguardiente, la venta e incluso el orden. Ellos iban a las comunidades con gente armada que imponía la autoridad de una forma arbitraria.
Fredy: ¿Qué motivó al INI en ese entonces a realizar esa investigación? Hay un problema serio de alcoholismo, hay un problema de violencia social.
Juan: Hay que recordar que el INI llevaba muy pocos años. Acababa de instalarse el primer centro a nivel de toda la República. El primer centro rector de las comunidades indígenas fue el de San Cristóbal. Entonces tenía mucha importancia el análisis de las problemáticas en las comunidades y era un hecho que el alcoholismo y todos los problemas que causaba eran derivados de un hecho central al cual no podía eludir el INI. Esto lo llevó a confrontarse con los intereses del sector aguardentero. El intento de ejecutar este análisis no iba destinado a confrontarse con la producción aguardentera. De hecho, el Estado, optimistamente, pensaba en un informe frío, analítico, que no comprometiera a las autoridades, pero el estudio detallado produjo mucho ruido porque ahí estaban directamente señalados no sólo los productores y monopolizadores sino las autoridades que los amparaban. El INI, de oficio, debía plantear un tema que era una de las mayores problemáticas, como se puede constatar en toda la literatura etnográfica, en los documentos del propio INI, la cantidad de violencia que se generaba en torno al aguardiente, en este caso concreto la propia Guerra del Posh, el intento de los empleados al servicio del monopolio de imponer éste destruyendo alambiques, deteniendo gente y cometiendo una gran cantidad de arbitrariedades que obviamente soliviantó tanto a la comunidad indígena, que el INI no podía permanecer de espaldas a un problema básico en el momento en que se estaba implantando como un espacio de promoción de las comunidades, de defensa frente a los abusos cometidos históricamente.
Fredy: ¿Cómo se da la acumulación de capital? ¿Cómo se logra la prominencia de una sola familia?
Juan: En el caso de los Pedrero he encontrado que ya eran productores y comerciantes de aguardiente en los años veinte, pero no tenían ese carácter dominante en la producción, mucho menos eran monopolistas. Comenzaron en Simojovel. Ellos llegaron a tener el poder: don Hernán y don Moctezuma tenían la producción y distribución. Curiosamente, en aquellos años, he visto en otros documentos, ya se planteaba los mismos problemas. Al imponer su monopolio tuvieron que enfrentar a los productores privados. Ellos llevaban ya guardias armadas, denuncias sobre los abusos cometidos por éstos. Entonces, lo que fue un dominio a nivel estatal ya se venía perpetrando desde 20 años antes, lo que les había dado un gran conocimiento de la industria aguardentera. Se debe recordar que no sólo se opusieron a los intereses de los indígenas fabricantes clandestinos; también había, en el sector ladino de la población, una gran cantidad de productores que fueron perseguidos. Yo conozco muchos casos de gente que fue encarcelada y multada por producir clandestinamente el alcohol. Digamos que hubo un proceso de acumulación de capital de largo recorrido, pero que culminó a finales de los años cuarenta con un decreto que formaliza el monopolio aguardentero en las manos de la familia Pedrero. Esto es un proceso largo que determinó el enriquecimiento bastante explicable de esta familia, y no sólo de ellos sino de todo un entorno por el que aliados, socios y políticos obtuvieron beneficios de esta actividad.
Fredy: ¿Cómo resulta para Julio de la Fuente este documento y el hecho de que no esté en las librerías, aunque ya no le tocó en vida?
Juan: Yo anduve buscando este documento y conseguí saber que existía. Conseguí leer algún fragmento, pero físicamente estaba bien guardado y aparentemente no había posibilidad de consultarlo. Al haber podido ahora consultarlo con motivo de la publicación hay que darles el mérito no sólo a los actuales herederos del INI que rescataron documentos de carácter histórico sino también a Steven Luis, quien dedicó un largo periodo a recuperar, ordenar y dar una edición crítica a este material. Nos sirve para completar toda esta información dispersa, porque ahora ésta ya está en la Secretaría de Pueblos Indios, en el archivo del antiguo INI, para poder encontrar de una forma mucho más documentada todos los datos en torno a un tema importante por razones políticas, económicas y éticas, porque respecto al alcohol hay una discusión de fondo acerca de la pertenencia al control, la tolerancia.
Fredy: Sigue habiendo un resquemor respecto a este tema, y prueba de ello es que esta publicación de Julio de la Fuente no está en las librerías…
Juan: Yo creo que se podrá comprar en el DF, pero, que yo sepa, aquí ninguna librería lo vende, lo cual es un poco inquietante. Me da la impresión de que no hay tanto interés por que se lea este libro.

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