Directora Leticia Hernández Montoya ::: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Mirada al cielo

E-mail Imprimir PDF

El hecho de que el presidente Felipe Calderón critique a los políticos corruptos que amasaron fortunas en el pasado ¿es porque en el presente hay riesgo real de que esté ocurriendo lo mismo?
De otra manera no se entendería el llamado de la mujer de Lot: los mexicanos sabemos que sucedió en la era del priato. No es Calderón el que debe recordarlo; la acumulación de la pobreza y su presencia multitudinaria, es evidente, pero también lo es el hecho de que en dos sexenios, esto es doce años, no ha sido el PAN la panacea prometida para abatir el rezago social y la ausencia institucional y contrario censu, las políticas se han unidireccionado a blindar elecciones en el afán enfermo de que no gane el PRI -sea en entidades y municipios importantes- como en una guerra abierta en contra de un narco tráfico ramificado e infiltrado en las instituciones de seguridad, en las que ha costado el sexenio descontaminar, mientras miles de civiles pagan las consecuencias de excesos en operativos, incluyendo sus propias vidas, cuando se supone que el Estado, debe garantizarla.
Lejos están aquellas palabras del presidente durante la campaña: “La política, más allá de ser el arte del poder, más allá de ser el arte del dominio, lo que debe ser es el arte del bien común o de las buenas obras”.
Está sucediendo todo lo contrario.
México hay mucho más de qué preocuparse, que tan sólo “el amasamiento de las grandes fortunas”. Si bien es cierto que la corrupción y el dolo con que miles de políticos se hacen millonarios es cuestionable, lo son más los funcionarios de brazos caídos. Esos nos cuestan mucho socialmente.
La inapetencia por colaborar con un México activo y productivo, la indiferencia frente a la urgencia de integrar diferentes voces, la cerrazón ante la oportunidad de generar una generosa colaboración, ha llevado a hordas de políticos a encerrarse en una torre de cristal -más en ésta hora electoral-, con su ego bien protegido, y las necesidades sociales del otro lado de las paredes infranqueables. Terminar con eso debe ser premisa del próximo presidente, del próximo gobernador, de los próximos alcaldes: los funcionarios que confunden el cargo público con un título nobiliario.

YOU ARE HERE: