
Jorge Moscoso Pedrero
La propuesta de integrar una alianza electoral entre el PAN, PRD, PT y Convergencia, para contender en las elecciones a realizarse en diversas entidades de la república, ha generado opiniones diversas, muchas de las cuales cuestionan esta determinación surgida del acuerdo de las direcciones nacionales de esos partidos.
La reacción más enconada proviene de las filas del PRI y de algunos medios de comunicación, que ven que puede descomponerse el escenario que venían pavimentando para que el otrora partido oficial regrese a la presidencia en la elección de 2012.
Tanto el PRD como el PAN saben que por ahora separados, es prácticamente imposible detener la maquinaria del PRI apuntalada por los gobernadores neocaciques, en los procesos locales a celebrarse este año.
Pero con esta maniobra táctica, los partidos en mención consideran que PRI puede perder algunas entidades y sufrir un tropezón que no tenía previsto en su carrera sin obstáculos hacía el 2012.
Por ello aún cuando son evidentes las diferencias políticas, de principios y programas, y parece absolutamente incongruente, la jugada de la alianza, conviene a las fuerzas que la integran y consideran les da la posibilidad de competencia hacía la próxima elección federal.
La alianza propuesta no implica que en el plano general las diferencias con relación a la elección de 2006, al estado laico, el aborto, las uniones entre homosexuales, sean temas superados, como no lo son los temas relativos a recursos naturales y energéticos, política laboral, y muchos otros que confrontan a los proyectos que representan cada fuerza aliancista, simple y llanamente se trata de una batalla que pretende detener al PRI, en la lucha por el poder político.
Ahora bien, los candidatos que se proponen especialmente en los casos Oaxaca e Hidalgo, si pueden romper fuertes cacicazgos y el predominio priísta de más de ochenta años de hegemonía en esas entidades, y es evidente que tanto Gabino Cué como Xóchitl Gálvez pueden disputar en serio la gubernatura de ambas entidades.
Sin embargo tal y como ya ha sucedido en algunas entidades en que se han dado alianzas similares los gobernantes emanados de las mismas, en lugar de propiciar cambios democráticos y de fondo se han montado en las estructuras del antiguo régimen, utilizando el poder para beneficio personal y de sus grupos, decepcionado a sus electores.
Es más, el hecho de derrotar al PRI como ha sido el caso desde el año dos mil y dos mil seis en las elecciones federales, no ha generado la implantación de una verdadera democracia, ni de un mejoramiento de las condiciones de Vida de la mayoría de los mexicanos y salvo el caso de la Ciudad de México donde se han implantado importantes programas con sentido social, en los estados donde ha habido alternancia, los cambios políticos y sociales son casi invisibles.
Para quienes creemos que una de las vías para la transformación de México son las elecciones, y nos preocupa el regreso del PRI al poder, tratar de frenar esa posibilidad debe acompañarse de un fuerte trabajo organizativo desde abajo y crear la condiciones propicias para la formación de un amplio frente de izquierda y de las fuerzas democráticas y progresistas, que dispute la presidencia de la república en la próxima contienda.
Por ello aunque aparezca como una contradicción, la alianza propuesta es un movimiento táctico que le está cambiando la jugada a todos aquellos que desde el PRI y fuera de él ya se frotan las manos pensando que Peña Nieto se sentará en la silla presidencial
Si se comete un error al caminar en ese sentido pronto lo veremos. Al tiempo.








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