Directora Leticia Hernández Montoya ::: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

La Flotilla de la Libertad

Gerardo González Figueroa
La célebre personaje del dibujante argentino Quino, Mafalda, siempre preocupada por el mundo, en algún momento exclamó ¡Paren al mundo, que me quiero bajar! Esto viene a cuento porque la soberbia se hizo presente de parte del gobierno Israelí. Atacó a una flotilla que en forma de caravana humanitaria llevaba víveres a la asediada población palestina.
Esto demuestra que estamos inermes ante la prepotencia y el poderío de naciones como Israel o los Estados Unidos. Ya me imagino si, por ejemplo, Irán hace lo mismo porque se lleva ayuda humanitaria, digamos a los Kurdos. En este momento una nueva guerra en ese lugar del mundo estaría a punto de estallar, pero si el ataque es en Palestina, o en Cuba, Venezuela, o África, no pasaría nada, restando importancia a que sólo unos países, los afines, cuentan para los intereses del imperio. La impunidad es grande cuando de intereses y dinero se trata.
Hace pocas semanas se atacó a una caravana humanitaria en Oaxaca, en la zona triqui, dejando dos muertes como consecuencia de esta barbaridad. No me extraña el repudio del gobierno de México a la acción israelí, como se dice vulgarmente: Farol de la calle, oscuridad de la casa. Que Oaxaca se desgarre entre un gobierno indiferente como el mundo con la prepotencia israelí.
La clase política es igual en todo el mundo, se saben hasta cierto punto inmune, porque como ciudadanos, sociedad y diversas formas asociativas, sólo atinamos a protestar, enfadarnos, pero poco hacemos desde una práctica colectiva que es uno de los poderes que la sociedad civil puede tener.
En la mente de la gente nos han machacado hasta el cansancio de la relación gobierno-sociedad, sin embargo esta se hace a base de una incesante campaña publicitaria, y claro el trabajo de cooptación y control de los grupos sociales demandantes de las acciones de gobierno. En el ámbito mundial sucede algo parecido. Los Estados Unidos y sus secuaces son los “líderes” de la libertad y la democracia, aunque se llevan a los pueblos entre sus nefastos intereses. No olvidemos que el sistema que impera es el capitalismo, en su fase neoliberal que significa ganancia, saqueo y explotación, dejando sólo la libertad de hacer dinero, no de desarrollar una democracia económica o social.
Las cosas no suceden porque sí, por ejemplo hace unos días, se intentó de nuevo llegar a la comunidad de San Juan Copala, un grupo civil armado bloqueó el acceso a la comunidad quien, lleva ya varias semanas, prácticamente bloqueada, las autoridades oaxaqueñas se dejaron intimidar, y con tiros y amenazas de nueva cuenta hicieron fracasar el intento humanitario de llevar ayuda.
Los argumentos, todos ellos falaces, de la seguridad o de que se actúa bajo la idea de que se afecta a la comunidad, pone de manifiesto el interés del gobernador oaxaqueño, de favorecer a las huestes de su propio partido. El señor Ulises debería de renunciar, pero eso no sucederá porque detrás de estas acciones, importa más acceder al poder en el 2012, y para ello debe afianzar a su sucesor y el control del PRI en Oaxaca. Ulises Ruiz la debe en materia de derechos humanos como ya la Corte dictaminó en relación a los sucesos de 2006 con el conflicto de la APPO.
La vida nacional refleja entonces lo que sucede en el ámbito internacional. La migración por ejemplo, es un fenómeno que no debería de ser ni criminalizado, pero, hoy vemos la prepotencia del mismo imperio y de otras naciones. No sólo la pobreza explica este creciente fenómeno, diversos procesos sociales, como conflictos, religión, opciones políticas, y también la cultura.
México tiene lazos con los Estados Unidos en particular por ser frontera, ahí tenemos muchas dinámicas, y ahora marcadas por actividades de delincuencia organizada. Sin embargo, los migrantes mexicanos hoy pasan momentos muy complejos, sobre todo a causas de un racismo y violencia mayúscula. La muerte reciente de los dos jóvenes de hace pocas semanas es sólo una pequeña muestra de  cómo nos ven en los Estados Unidos. Ahora los mexicanos somos los cárteles de droga, la mafia, para los norteamericanos somos el sinónimo de delincuencia, corrupción y de peligro para su seguridad nacional.
Hace pocas semanas, se aplaudía el desgarre de vestiduras del presidente Calderón, por su incendiario discurso en el Congreso de los Estados Unidos, pero ese viejo discurso patriotero, es igual a las idiotas declaraciones del gobernador oaxaqueño y su procuradora. No tienen forma de explicar lo que es a todas luces, abuso prepotente.
Los nacionalismos han sido vistos como obsoletos por gobiernos neoliberales como el que padecemos, es cierto que estos existen en nuestra sociedad, lo vivimos ahora en este mes futbolero,  es lamentable leerlo en la máxima autoridad, pero no es extraño su uso, y ahora regresa un falso nacionalismo, porque si queremos realmente protestar por estas muertes de los connacionales, se deben impulsar leyes nacionales que protejan el empleo e ingreso y que se expida una ley migratoria en los Estados Unidos.
Hay una sensación de abandono, no del presidente, porque de manera infantil y como si nos chupáramos el dedo, el querer justificar la gira de Calderón a Sudáfrica. Lo peor es que le echó la sal a la llamada Selección Mexicana. El fútbol que lleva los colores del país, representa una actividad cuyo negocio involucra no sólo a las prepotentes televisoras, sino que, igual a FIFA, estamos ante un gran negocio mundial y de la cual como espectadores, sólo permitimos que se forren de dineros, empresas de todo tipo y juegan con la idea de que nos representan, o que ello, la participación de este negocio llamado Selección Mexicana, pueden llegar a lo máximo, si lo creen (como si creyendo en las instituciones como la televisión, la presidencia, la religión), puedan hacer de nuestro país, lo que no somos ni seremos, a menos que haya justicia, democracia.
La flotilla de la libertad, es lo que requiere nuestro país, hemos olvidado la importancia de la solidaridad como una forma de construir una nueva Democracia, que pudiera hacer de nuestra dignidad, otra forma de hacer política. Estamos lejos de ello, sin duda.

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