
Yolanda Pardo
“Dijo Dios: “Haya luz” y hubo luz. Dios vio que la luz era buena y la separó de las tinieblas. Dios llamó a la luz día y a las tinieblas noche. Y atardeció y amaneció el día Primero.”
Desde el principio de la creación la luz existe y desde entonces, nos ilumina y nos ha hecho ver y ella también lo hace. Ha recorrido mundos, galaxias, estrellas, desde tiempos inmemoriales y ha constatado la vida de todos los seres con sus filias y sus fobias, sus cualidades y sus defectos, sus bondades y sus maldades, sus alegrías y sus tristezas, sus triunfos y sus fracasos, su evolución y su involución, sus dudas y sus respuestas…
¡Develaría tantos secretos, nos haría tan sabios si pudiéramos codificar o decodificar su lenguaje! Pero ni siquiera sabemos a ciencia cierta qué o quién es la luz, esa energía viajera eterna e incansable.
Hemos aprendido a usarla, a beneficiarnos de ella, hemos estudiado sus características, efectos y propiedades.
Sabemos que es la clase de energía electromagnética, radiante, que puede ser percibida por el ojo humano y que en un sentido más amplio, el término luz incluye el rango entero de radiación conocido como el espectro electromagnético.
Se ha logrado deducir que el valor exacto aceptado por la rapidez de la luz en el vacío es de 299 792 438 m/s, a través de la materia es menor. Se ha calculado además, que el tiempo que tarda en recorrer el espacio entre la tierra y la luna es de aproximadamente 1.29 segundos y se propaga a diferentes velocidades, según el medio por el que viaja.
También sufre fenómenos de refracción, difracción, interferencia, reflexión, dispersión y polarización, efectos químicos y otros esenciales para la vida.
Algunas sustancias al absorber la luz, sufren cambios químicos, utilizan la energía que la luz les transmite con el fin de alcanzar los niveles energéticos necesarios para reactivarse y obtener una conformación estructural más adecuada y llevar a cabo una reacción o para romper algún enlace de su estructura.
De estas reacciones fotoquímicas , podemos mencionar, entre otras, la fotosíntesis en las plantas, que generan azúcares a partir de dióxido de carbono, agua y luz; la síntesis de la vitamina D en la piel; la ruptura de dihalógenos con luz o el proceso de visión en el ojo, producido por la isomerización del retinol con esta energía .
Sabios, científicos y físicos la han estudiado en todos los tiempos. Su naturaleza, sus propiedades, sus efectos, su incidencia en la vida y su influencia en el ser humano.
Desde el Génesis hasta Einstein, pasando por la teoría corpuscular de Newton, Michael Faraday con su campo magnético y las cuánticas con Max Planck, y Maxwell , y agregando a Feynman, quien en 1965, obtuvo el Premio Nobel de Física, por su aportación al desarrollo de la electrodinámica cuántica, la humanidad no ha cesado de estudiar la naturaleza de esta energía luminosa, para descifrar todos los misterios que guarda.
No olvidemos tampoco, al científico mexicano Fausto Leal, quien después de varios años de investigación, descubrió el Código de nuestras células que es binario e infinito y es por medio del cual se comunican nuestras células, proceso en el que son primordiales los energético ATPs.
Ideó también, después de más estudios, la Fototerapia Isomérica, con una luz perfectamente medida y calculada, basada en el estudio y la aplicación, de las ecuaciones de Planck y de Einstein, y en el diagrama de Feynman (que sirve para realizar cálculos en la teoría cuántica de campos) entre otros, que ha aliviado males y enfermedades, antes consideradas como incurables.
Nuestra luz, además de todo lo que es y nos da. También sana, sólo se ha requerido estudiarla un poco más y aplicarla correctamente.
En la actuación de la vida, de la evolución, hay un proceso que ocupa una energía bioquímica, manifestó el científico y agregó: “Si en esa vida inicial se ve a la luz en la interacción para esos brotes, es lógico pensar que esa luz señala direcciones de enlaces atómicos y moleculares, con fuerza suficiente para atender lo que esos elementos ocupan.”
La primera necesidad, es la de enlace atómico en su dependencia de orbitales y electrones de otra valencia.
Sabiendo que a partir de Einstein que la luz se hace electrón y éste en superficie atómica lo es de valencia, la opción para que sea la luz quien dirija los ensambles hacia el camino de la evolución, es con lógica básica y deductiva.
“Mi proposición y mi intelecto será parte del espectro Faustonista, que tendrá otras ideas e intenciones mejores con que se irá llenando ese espectro opcional de la luz, no sólo como energía o como partícula, sino que, además de decir qué es, nos diga quién es”. Había manifestado el científico, quien realizaba investigaciones en este rubro, cuando lo sorprendió la muerte… Ahora, hay que revisar sus cuadernos.
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