Directora Leticia Hernández Montoya ::: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Las crónicas de un continuo despertar

Arit León Rodríguez
Amnesia
Parece que a la mayoría de nosotros es lo que nos pega al enfrentarnos de vuelta a situaciones que vivimos siendo más jóvenes.
Digo, y esto se me ocurre en este momento, por que viendo la televisión, de paso, en un canal cualquiera, vi eufóricamente bailando a varios jóvenes de los 60´s meneando el bote, pasándosela bien en general.
Pero ve uno a elementos de esa época en épocas actuales, y nada que ver.
Se la pasan quejándose de la vida propia, de la ajena y en el peor de los casos la de los hijos y nietos -digo ya no son unos jovencitos- cortándoles las alas, olvidándose de que, en algún momento ellos mismos sufrieron de la represión social.
No es de extrañarse que estemos llenos de jóvenes desubicados y llenos de estupor -los ninis en boga- que deambulan por las calles producto del descontrol social de padres intolerantes y de una sociedad que poco hace por entender el medio ambiente que los ha cercado a esconderse de sus propios sentimientos.
Hace poco se estaba comentando de la pobre calidad de la cumbre mundial de la juventud, y que realmente, en México no hay una propuesta sólida de los jóvenes mexicanos por que no hubo una consulta para que se realizara un trabajo a conciencia, puesto que existe calidad -pero no respaldo- a lo que se intenta en el país.
Pero criticamos y destruimos lo que no comprendemos.
Dedicamos poco tiempo a educar a nuestros vástagos pero destruimos el resultado de nuestra creación.
Reproches, golpes y agresiones son lo que les damos cuando ellos no realizan lo que se espera y existe una nulidad mental al pensar que realmente no se cimentó nada para exigirles respondan de una manera que inclusive a sus padres les ha llevado una vida entera entender.
Haz lo que digo, pero no hagas lo que yo hago, es el común denominador en muchas casas en el país y están destruyendo a hordas de muchachos que desconocen que hacer con el tiempo que le queda de vida.
Y los lanzan a la calle cuando no se apegan al control que se les impone y dejan que las calles se los traguen.
Muchas veces he visto que muchachitas son corridas de su casa por que tienen novio, golpeadas y abandonadas a su suerte, convirtiéndose en flores marchitas al costado de las veredas de nuestros caminos, jugando a la ruleta rusa con su salud y su vida, por ser victimas de la ignorancia e intolerancia.
Esas son las victimas de la sociedad que deshecha lo que no es ad hoc.
Desgraciadamente, las victimas de la amnesia paterna de este país desconocen que detrás de esa agresividad existe culpa y recuerdos reprimidos.
¿Acaso no atacamos lo que tememos?
La realidad es que en México existen 6.1 millones de jóvenes menores de 29 años que no trabajan.
No por que no quieran, no por que no busquen empleo, si no por que simplemente no los contratan.
Aquellos que hace décadas gritaban contra la represión y la momiza, les dan la espalda cuando más lo necesita el país.
3 millones de ellos, están en miseria total, pobreza extrema y si nos vamos a un sentido numérico, 7.4 millones de jóvenes de entre 12 y 29 años que no estudian ni trabajan -22.1 por ciento de la población nacional en ese rango de edad-, sólo 9.1 por ciento tienen nivel socioeconómico medio alto/alto, 15.1 medio, 25.1 medio/bajo, 29.7 bajo, y 32.2 muy bajo.
Pero, esto no lo buscaron estos chavos. No lo crearon concientemente.
Es el resultado de la inconciencia social, de la falta de criterio a dar nuevas oportunidades a quienes empiezan a participar en la vida laboral, por que realmente a los jóvenes, nunca se les da un trabajo digno, un sueldo provechoso, prestaciones de ley y la dignificación de su persona.
Y hablando de los poquísimos que terminan una licenciatura, no podemos decir mucho.
Tampoco existen oportunidades.
Y aun así desvirtuamos a la sociedad juvenil del país.
Victimas de la ignorancia de unos antecesores perezosos e intolerantes, que siguen dándonos a medias, oportunidades para crecer, pero como reprochan errores, que no se atreven a enfrentar frente al espejo.
Y bien lo dijo:
He descubierto que las raíces de nuestra vida moral están completamente podridas, que la base de nuestra sociedad está corrompida por la mentira.
Henrik Johan Ibsen
Ab initio
Pero, eso lo digo yo.



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