
Tina Rodríguez
Llovía torrencialmente
Todos estaban en las actividades de una familia normal; los hijos en la computadora, el papá en la otra, tratando de redactar las primeras notas de ese día.
Yo en la cocina, entre los alimentos de la comida, y desde ahí observaba cómo la lluvia era cada vez más fuerte y arreciaba al paso de las horas. Comimos casi aprisa pues de pronto la luz se fue en su totalidad.
Nos miramos sin hacerlo, en segundos se volvió silencio, turbación. Hablamos a casa de mi hija Arit y ella tenía luz; irnos hacia allá fue la decisión casi inmediata.
Durante el recorrido la lluvia seguía y no dejaba de impresionarme su estruendo en los cielos. El histórico río Sabinal se veía furioso, el sonido de su cauce era cada vez más fuerte; ese día no dejó de llover hasta muy entrada la noche: los torrentes bajaban por la quinta oriente y tercera oriente; el paso del agua hacia el río era impresionante: la gente se agarraba de árboles, el agua crecía y crecía mientras llegábamos a la décima norte oriente, y subíamos al segundo piso del número 632, dónde vive mi hija.
Amaneció, casi nadie pudo conciliar el sueño, pues la noche se nos fue en dilucidar las consecuencias de tanta lluvia: las primeras imágenes llegaron a través del Facebook, Tweeter; la ciudad en su zona oriente y poniente norte estaba en un caos, viviendas, negocios, escuelas, en el agua y lodo, seis muertos y varios desaparecidos.
Era otro día totalmente diferente -nuestro “Día después de mañana” ¿Y cuántas noches como ésta nos faltan?- y a la mente se nos vino el único amigo que vive a orillas del Sabinal, Wlber, e imaginábamos lo irremediable.
El río había echo destrozos de lo mucho o poco que tenía; ver su cara, ver sus ojos me decían que no alcanzaba a aceptar que ya no existían ni su cama, ni su refrigerador, ni su ropa, su historia de poesías, sus libros, su obra en libros que apenas unos días antes había celebrado con gotas de lluvia, llanto, emoción y trago.
Ahí estaba todo perdido entre el lodo y la basura.
Dice que lo llamaron para darle una ayuda económica por parte del Gobierno del Estado para los afectados de esa zona de la cuarta norte y novena oriente ¿Cuánto se necesita para recuperar los aprecios materiales? Ni 12 o 20 mil pesos alcanzan para compensar todo el esfuerzo que se hace para llevar una vida digna, mientras se saca del lodo, tirando parte de la historia propia, perdida en una sola noche.
Ver a un hombre que ha luchado siempre como todos los que quieren hacer frente a un destino que no tenemos ni trazado ni definido, y derrumbarse ante la fuerza de la naturaleza, impone; ver como entre los recursos que el gobierno destina (y que en varios casos el monto anunciado no vino completo) nuestra gente los acepta conforme, con la idea de salir adelante y crecer con la seguridad de que con más o con menos, en el caso del poeta, hay que seguir.
El seguirá siendo el poeta transitorio, de una vida quizá injusta o de un destino que nunca se traza de acuerdos a nuestras necesidades y deseos: pero dentro de todo lo que vivió y vivieron esa noche muchos en ésta ciudad de ausencias institucionales, seguramente escucharemos algún día sus voces en una sola, en la voz de Wlber, por tan mala planeación urbana y la irresponsabilidad de no pocos civiles que invadieron hace ya muchos años, la cuenca de El Sabinal y sus afluentes que, sencillamente sus aguas reclaman y seguirán reclamando su tránsito hacia el Grijalva.
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