
Yolanda Pardo
Dada la importancia de los azúcares biológicos que produce nuestro Aparato de Golgi y sustentada en bases científicas con varias décadas de estudios minuciosos, se puede afirmar que estos HCOHs son responsables de todo lo que nos sucede en el transcurso de nuestras vidas, desde el nacimiento hasta la muerte, pasando por el grado de salud o enfermedad, de estancamiento o retroceso, hasta de nuestro progreso o evolución física, mental y espiritual.
Veamos por qué. En nuestra vida el azúcar oculta, toma el mando y responsabilidad desde los cromosomas que en la fecundación se unen para dar los pasos del proyecto extraordinario del microcosmos, escrito en el alma de las ribosas del ADN en cadena envolvente.
La innegable trascendencia, y valor sobre la vida de estos dulces orgánicos, siempre fueron ponderados y jerarquizados por el científico mexicano Fausto Leal, quien dedicó su vida al estudio e investigación de este tema, para llegar a su objetivo de lograr a partir de ellos y su isomerización a la remisión de enfermedades consideradas como incurables. Estos conocimientos los legó a sus alumnos a través de diplomados que actualmente los continúan impartiendo, y es que es un tema fascinante que se podría estudiar sin dar tregua al aburrimiento o al cansancio. Sigamos:
La responsabilidad de perpetuar las especies vegetales, animales y humanas, se da en esos azúcares portadores del código genético. Son ellos que luego como ARNs trasmiten con fidelidad, mensajes a los llamados ARNs estructurales que de inmediato preparan sus cargas específicas de aminoácidos capaces de asumir alguna forma dimensional que después imprimen fielmente en los moldes de otros azúcares: los ribosomas.
Son de azúcar y en ella que se originan las preguntas y respuestas en la sociedad celular y mediante las cuales se descubren como células buenas, sanas, enfermas, cancerosas y sobre todo, extrañas y antígenas. Es a partir de esos HCOHs leales a la ley del reconocimiento celular que se da el orden en esa sociedad y la preservación de la especie. ¿Quieren más?
La elevada misión de preservar la especie, la de defender con lealtad las fronteras celulares y la delicada misión de trasmitir mensajes centrales cerebrales, es para asombrar a cualquiera con esta obra divina que provee a la naturaleza de una molécula o compuesto tan exacto y de incesante proceder.
El hombre ha materializado ideas inteligentes en logros científicos y tecnológicos, ha producido reacciones nucleares, se las ha ingeniado para crear inventos extraordinarios pero no ha podido reproducir con esa exactitud del diseño fenomenal, las moléculas del azúcar que portan los seres vivos con tan correcta determinación. Podríamos preguntarnos como se preguntaba el científico aludido:
¿Será que nuestro “diseñador” que nos dotó del lenguaje codificado genético y la molécula capaz de obedecer al rigor de su obra también inventó y construyó el mecanismo secreto para producirla en exclusiva?
Las glicoindustrias están haciendo el intento desde hace ya varios años para producir medicamentos a partir de esos azúcares que al no ser naturales, no se sabe si van a funcionar, lo que sí es indudable es que esos mega laboratorios tendrán pingües ganancias.
Luego de enumerar los beneficios de esos azúcares biológicos en nuestro organismo, resta manifestar algo muy importante, el isomerismo que se produce precisamente por estos HCOHs , al fallar su posición en alguna de nuestras células, su función cambia, porque la información se distorsiona y surge el caos con sus consecuencias de alguna alteración o enfermedad en el organismo.
Sucede muy frecuentemente que una molécula, aún teniendo la misma composición química, cambia la función y esto pasa porque se produce cierto movimiento, que impide la adecuada comunicación intercelular.
Al restaurar la posición original, se vuelve a establecer ese lenguaje atómico y entonces el fallo se arregla.
En nuestro organismo, azúcar biológico es equivalente a comunicación, es el lenguaje intracelular. Es un código binario y a infinito bien conocido por los estudiosos del tema que surge desde la creación y ha evolucionado con el descubrimiento del isomerismo por medio del cual, cuando esa información se distorsiona o deja de ser comprensible, se puede restablecer.
Hemos tocado este tema frecuentemente en este espacio, en sus diferentes facetas y nuevos estudios nos darán para escribir más páginas, por todo lo que implica. Y aún hay más.
La fototerapia isomérica ha logrado ese restablecimiento de la comunicación celular a lo largo de casi tres décadas y no dejan de asombrarnos sus beneficios en la salud, legado que nos heredó el Padre del Isomerismo, el científico mexicano Fausto Leal, obra que continúan sus más destacados discípulos, quienes, junto con otros investigadores involucrados en el tema, estudian nuevas posibilidades para que este tratamiento pueda llegar a más personas para ayudarlas a erradicar las enfermedades que padezcan.
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