
TEXTO Y FOTOS: SANDRA DE LOS SANTOS
El triciclo va cargado de ventiladores, que desde hace mucho tiempo dejaron de ayudar a pasar la temporada de calores; también lleva jaulas oxidadas que ya no son casa de ningún ave; tubos, alambres y un montón de fierros que Eredín ha ido recogiendo de las calles y de algunas casas.
Eredín Trejo Velasco tiene 60 años de edad y desde hace ocho se gana la vida recogiendo de las calles y de algunas casas lo que todos dan por inservible. El hombre es originario de Simojovel, pero lleva muchos años viviendo en Tuxtla, tantos que ni siquiera se acuerda cuántos con exactitud.
Antes de dedicarse a la venta de fierros viejos, don Eredín vendía agua en su triciclo, sin embargo, el negocio no era muy bueno así que decidió buscarse otra alternativa y encontró en este oficio algo que le permite vivir.
“Sale para la comida, aunque el trabajo es muy pesado porque hay que andar recogiendo fierros de la basura o de donde estén. A veces paso pidiendo en las casas, pero hay gente que lo quiere vender y así ya no resulta” cuenta don Eredín, quien aparenta más años de los que tiene y es que el trabajo pesado diario lo ha maltratado más que a otras personas de su edad.
Aunque, don Eredín ya es una persona de la tercera edad todos los días sale a trabajar en su triciclo, es capaz de andar montado en él durante todo el día buscando fierros viejos.
Comenta que a su edad es difícil conseguir un empleo en alguna empresa o cualquier sitio, aún con el salario mínimo, así que tiene, como muchas personas de la tercera edad de Chiapas, buscar cómo vivir. Ellos no cuentan con jubilación, pensión, bienes o alguien que los mantenga.
Este hombre no logra entender cómo hay jóvenes que pueden vivir sin hacer nada, sin estudiar, ni trabajar, “se están pudriendo en vida” dice mientras levanta unos fierros que se cayeron del triciclo y los acomoda de nueva cuenta en su lugar.
Eredín está preocupado porque en los últimos días ha visto en las noticias el tema de los jóvenes de los llamados “ninis”, “no entiendo cómo es que viven” dice un tanto indignado y es que él es de la generación de personas rurales que desde niños aprendieron que el trabajo diario es la única forma de ganarse la vida.
“Están desperdiciando sus mejores años, esa es la edad donde uno hay que prepararse, hacer cosas para que de viejo le vaya a uno mejor” considera don Eredín, quien no tuvo las oportunidades que muchos jóvenes tienen ahora, pero que prefieren no hacer nada.
Cuando se le pregunta a don Eredín a quién le vende los fierros viejos se ríe y dice “lo recogen en algunos lugares y lo mandan al norte para que luego nos lo regresen y nos los vendan más caro”.
Los fierros viejos pareciera que se resisten a irse con don Eredín porque se caen una y otra vez del triciclo, pero el anciano los levanta y los acomoda “ahora si no se van” dice, mientras los amarra con un pedazo de lazo, que también recogió de la calle. Después posa para las fotos, sonríe a lado del montón de fierros viejos, está a unas cuadras de su casa, se sube al triciclo y se va. Cumplió con la jornada del día.
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