Directora Leticia Hernández Montoya ::: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Las crónicas de un continuo despertar

Arit León Rodríguez
Mire usted, casi una cuarta parte de los 27 millones de jóvenes del país actualmente no estudian ni trabajan.
De estos, cinco millones tienen pocas oportunidades de entrar a la Población Económicamente Activa, por lo que ser delincuente es más redituable que obtener un empleo y, si los atrapan, el sistema penal los induce más al crimen sin readaptarlos.
Y es una situación de tensión social, a gran escala, puesto que la mayor parte de los reclusos del país son menores de 30 años, jóvenes encerrados en cárceles o consejos tutelares donde se "gradúan" en criminalidad en lugar de readaptarse a la sociedad.
Salen con masters en robo, violación y demás primuras.
Cerca de 70% de adolescentes y muchachos mayores de edad están en prisión por robo; la mitad de ellos hurtó objetos con un valor menor a los 6 mil pesos y una cuarta parte arrebató cosas que no valían ni mil.
De los consignados, 70% son "novatos" en las cárceles, los más maltratados por los reincidentes.
Desgraciadamente, nuestro sistema penal esta ahogándose entre tanto inquilino. Tenemos un sobrecupo de hasta el 300% en las cárceles y no se ve que disminuya.
Sin embrago desde hace algunos años se ha visto una tendiente que está en aumento.
De entre los 40 mil y 50 mil menores por cometer algún delito, de ellos menos de 10% son mujeres.
La población es menor en números, por lo que sus características generales pueden ser fácilmente identificadas.
Las mujeres habitualmente acompañan a los hombres a cometer el delito. Son usadas para cometer el crimen, casi ninguna viola las normas por iniciativa propia.
Empero, la sociedad castiga con mayor fuerza la participación de las adolescentes en crímenes a comparación con la valoración que se hace de los hombres en conflicto con la ley.
Por su condición de mujer la sanción social y hasta la legal, se torna en cierto punto complicada, ya que no reciben el mismo trato, por ser mal vistas ante su comportamiento y el enfrentamiento hacia la familia se torna estresante y hasta violento en los momentos de reincersion a su vida anterior.
Será que por el hecho de nacer mujer el “buen comportamiento” se impone como un condicionante para el comportarse en apego a lo establecido por la sociedad, y el ser varón se considera permisible ó justificable para un actuar inconciente, propio de una edad llena de altibajos emocionales.
Así que estamos en un oscurantismo total, puesto que las mujeres que delinquen por equis situación reciben un trato mucho más duro a los varones en iguales circunstancias.
Todo aquello que en el sistema económico y social impida o retrase sistemáticamente el acceso de hombres o de mujeres a algún derecho universal, constituye una inequidad de género, así las mujeres que delinquen no sólo dejan de ejercer actividades y de disfrutar de bienes a los que tienen derecho, sino que se ven excluidas de la mayoría de las posibilidades de obtenerlos, es decir, viven en exclusión social, aun después de cumplir sus condenas, la sociedad en la que estamos inmersos las hace prolongar por mucho, su pena, aun afuera de prisión.
Y bien lo dijo:
La injusticia, allí donde se halle, es una amenaza para la Justicia en su conjunto.
Martin Luther King
Liberum, veto
Pero, eso lo digo yo

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