Directora Leticia Hernández Montoya ::: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

PARA QUÉ TANTO

Yolanda Pardo
A partir de la segunda mitad del siglo pasado, los adelantos tecnológicos tuvieron un crecimiento inusitado, más que en todas las eras que lleva el hombre sobre la tierra. Sin embargo, intactos permanecen algunos de los tópicos más importantes para nuestro bienestar y crecimiento como individuos.


Existen tecnologías que nos asombran y que básicamente no sabemos ni siquiera como funcionan porque hasta las explicaciones nos parecen muy complicadas y alabamos la inteligencia y la sabiduría de esas mentes privilegiadas.
La aparatología médica ha facilitado la labor de los galenos, agregada ya a los  análisis de laboratorio, rayos equis y estudios especializados, para diagnosticar y recetar adecuadamente.
Todo eso alienta a los enfermos, pero lo que no ha podido lograr la ciencia médica. aún con todos sus adelantos y entre otras cosas, es evitar el dolor. Existen patologías, graves o no, que pueden acabar hasta con la paciencia del Santo Job y no hay nada que la medicina pueda hacer.
A los enfermos terminales les administran fuertes drogas para acabar con su dolor pero también con su vida (si es que eso es vida) pero cuando el mal es curable pero muy doloroso, a aguantar a valor mexicano, como dicen.
Lo más triste, es cuando a una persona en los últimos años de su vida, la ataca alguna de esas enfermedades  ya sean virales (como el herpes), o graves y también largas, molestas y dolorosas, como el cáncer, cuando lo que menos merecen, es vivir tranquilas, en paz y en armonía con su cuerpo y su espíritu y todo lo que las rodea y parece una injusticia.
Decía Jefferson que los médicos deberían aprender el arte de la vida, que es el arte de evitar el dolor, yo creo que no sólo ellos, sino todos nosotros.
Quizás, y sólo quizás, no haya injusticias  de la vida ni incompetencias médicas, ni unos más inteligentes que otros (sino con capacidades y dones diferentes) y que cada quien tiene lo que se merece o lo que fraguó o lo que pidió o lo que no quiso o no pudo obtener.
En la cultura védica tienen una premisa que es universal: el inocente no sufre. Eso no lo comprendemos cabalmente  nosotros, quienes no somos tan espirituales, o no tenemos una formación o educación adecuada  y vivimos en la practicidad  y materialismo del lado izquierdo de nuestro cerebro y olvidamos el que nos conecta del otro lado (como lo llaman en el Método Silva), y que nos provee, previa preparación y práctica, de lo que necesitamos para una vida plena.
Mencioné el Método Silva, porque fue uno de los  pioneros, o al menos uno de los más difundidos en su época, sobre control mental, pero existen muchos y otras tantas técnicas, unas rápidas y fáciles y otras más complicadas, pero todas, con el mismo fin, así que se puede seleccionar la que  mejor se adapte a las necesidades de cada uno e incluso, crear una propia.
Líderes espirituales, yoguis,  gurús, sanadores y el mismo Jesús el Cristo, han practicado  y aplicado técnicas  para curar a enfermos y ya que de hace algunos años a la fecha que se están develando muchos secretos referentes al tema y que estuvieron celosamente guardados, tenemos  ahora a nuestro alcance las herramientas para llegar a lo que queramos.
Así entonces, a eliminar karmas, a entrenar nuestra mente, a proponernos ser más espirituales, a estudiar esas técnicas y practicarlas para por fin vivir con alegría.
Todos los conocimientos están en nosotros, todo lo que necesitamos, lo tenemos y lo que creemos que nos falta, lo podemos pedir de una manera especial y lo obtenemos.
En la reflexión y en la meditación, comprendemos lo que queremos comprender. A practicar y total, no necesitamos de tanta tecnología, al menos, para esto.

 

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