Directora Leticia Hernández Montoya ::: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Reflexión Dominical

+Mons. Enrique Díaz

E-mail Imprimir PDF

Obispo Auxiliar
Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Chis

En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”
Jesús le respondió: “Esfuércense por entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’ Pero él les responderá: ‘No sé quiénes son ustedes’.
“Entonces le dirán con insistencia: ‘Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él replicará: ‘Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal’. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera.
“Vendrán muchos del Oriente y del Poniente, del Norte y del Sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios. Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos”.  (Lc 13, 22-30).
Pasando exámenes de admisión
Todavía no se acaban de solucionar las situaciones y dificultades que se han presentado a partir de las solicitudes de admisión a los diferentes planteles educativos de nuestra patria, en especial a los de nivel superior. Son miles los que quieren entrar y poquísimos los que son admitidos. “En la facultad que yo quiero entrar hay como dos mil solicitudes y sólo admiten a quinientos alumnos” dice con preocupación una aspirante. “En el plantel donde yo presenté mi examen están poniendo muchas trabas para que los alumnos se desanimen y se vayan a otros planteles” comenta otro. Hay quienes ya han aparecido en “las listas buenas”, y saltan de contento; hay quienes han sido rechazados “no porque no tengan los conocimientos sino porque de alguna forma habría que seleccionar”, se justifica un maestro. Inconformidad, sospechas de ventas de exámenes, de palancas y preferencias, hacen un ambiente hostil y propicio para manifestaciones y marchas. Muchos se sienten rechazados y ante tantas dificultades y gastos inútiles abandonan sus sueños de estudios e ingresan al grupo de desempleados en busca de un trabajo que les ayude a sobrevivir. ¿Cuántos son los admitidos? Hay quienes afirman que menos del cuarenta por ciento de quienes pretendían continuar sus estudios.
Requisitos para el Reino
Y para entrar en el Reino de los Cielos ¿cuáles serán los requisitos y cómo debemos llenar nuestra solicitud? ¿Cómo debemos prepararnos y de qué nos examinarán? ¿Cuántos son los admitidos? Es la misma pregunta que alguien le hace a Jesús. Y Jesús aprovecha la oportunidad para instruir a sus discípulos sobre los requisitos para ser admitidos a la salvación. Hay quien pensaría que para alcanzar la salvación bastaría con estar bautizado, tener muy bien guardada su boleta, aparecer dos o tres veces por los templos con ocasión de alguna fiesta o ceremonias sociales, portar alguna medallita y hacer alguna novena al santo de su devoción, pero para alcanzar la salvación, es decir para ser discípulo de Jesús, se requiere lanzarse a la aventura de compartir su misión, sus ideales, su estilo de vida y su método de amar. No es nada superficial, ni externo, se requiere un verdadero cambio interior. Para ser admitido en el Reino no se aceptan ni sobornos, ni valen compadrazgos o influencias. Es la rectitud de vida la que abre las puertas de la salvación.
Caminos amplios
Con frecuencia nos llegan diferentes denominaciones religiosas ofreciendo la salvación con tan sólo estar inscritos en su iglesia y amenazan con castigos eternos a quienes no los acepten. Para Jesús está muy claro lo que se necesita y lo que no es útil, o al menos no basta. No basta para salvarse el hecho de pertenecer a una determinada raza o pueblo, no se necesita un salvoconducto, ni siquiera es seguridad de salvación haber comido y bebido con el Señor. Se requiere entrar por la puerta estrecha, pero a nosotros nos gustan los caminos amplios de la comodidad, del llamar bien al mal, del conformismo y de la ambigüedad. Y para Jesús todo está muy claro: “Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal”. A la sociedad la podremos engañar aparentando hacer cosas buenas que ocultan nuestras ambiciones y defectos, pero a Jesús no lo podemos engañar. La sociedad intenta presentar como legítima una vida de amplios caminos, donde nada es pecado, donde todo está permitido, donde la ambición y el placer asientan sus reales, pero Jesús cuestiona los criterios del mundo y propone nuevas estrategias que nos lleven a construir una verdadera mesa común, signo terrenal del Reino venidero.
Nuevos caminos
Jesús vino a cambiar en sus tiempos, y claro que también  en los nuestros, todos los paradigmas de la sociedad. Ya entre sus coterráneos había la falsa seguridad de que se podía vivir una vida doble y alcanzar la salvación; ya se buscaba alcanzar el triunfo con los atajos de un trabajo sencillo que supliera la verdadera religión. Contra esto va Jesús: no es posible reducir la relación con Dios, la experiencia de Dios, a ritos que apacigüen el corazón. Quien ha conocido a Dios forzosamente tendrá que cambiar su vida y optar por otros caminos. Jesús escogió el camino de la pobreza, de la sencillez, del acompañamiento de los pobres, los despreciados, los pecadores… Y ese es un camino difícil. Jesús optó por la justicia y por la verdad, y cuando se habla con la verdad y se exige la justicia se cierran muchas puertas y se tornan peligrosos muchos caminos. Por eso muchas veces nosotros optamos por las verdades a medias, por la justicia aparente, y por la conveniencia social.
Sentido de una mesa
A alguien le parece muy extraño que Jesús descarte también a algunos de los que han comido y bebido con Él. ¿No es la Eucaristía el mejor alimento y una seguridad para participar en el banquete del Reino? Podríamos correr el riesgo de comulgar y participar en la Eucaristía, y después negar la comunión con el hermano. Podríamos acercarnos al altar pero impedir que el necesitado ocupe un lugar en nuestra mesa. Podríamos hacer invocaciones y después descartar el compromiso con la justicia y con la verdad. No, no es desprecio a la Eucaristía, sino descubrir la fuerte exigencia de amor y compromiso que va muy unido a la Eucaristía. Si el mismo Jesús que da la vida por los hermanos es quien se parte para saciar el hambre de todos los necesitados, nosotros no podemos simplemente recibir la Hostia como si fuera cualquier alimento. Tendremos la obligación de mirar por el bienestar de todos los que somos hijos de Dios. Y no solamente los que están en el templo o son de nuestros grupos, el pasaje de este día abre un abanico muy amplio de invitación a participar en una mesa común a todos los hermanos. Qué contradicción tan tremenda decirse cristiano y cerrar las puertas con pretextos discriminatorios de razas, de pueblos, de clases o de ideologías. La Mesa de Jesús tiene un sitio para todos y solamente quedan excluidos de ella los que deliberadamente “obran el mal”. La vida cristiana es una vida de lucha diaria para hacer realidad en medio de nosotros el Reino de Dios; es erróneo cruzarse de brazos y relajarse después de haber hecho un compromiso personal con Cristo. Se necesita actualizar siempre nuestro sí al Señor y asumir las consecuencias.



¿En qué notamos que nuestro cristianismo se ha relajado y ha optado por el camino ancho? ¿Cuáles son las exigencias que nos presenta Jesús hoy para participar de su Reino? ¿A que nos compromete el ser discípulos de Jesús? ¿Abrimos nuestra mesa y nuestro corazón a todas las personas? Creer es una actitud seria y radical y no sólo se reduce a ciertos actos de devoción. Claro que éstos pueden ser señal de un serio compromiso con Jesús, pero al  Reino de Dios sólo serán son admitidos los justos de la tierra que han luchado, amado y se han esforzado por su fe con sinceridad de corazón, sin importar raza, cultura, o posición social. La Mesa de Jesús es para todos.
Padre bueno, Tú quieres que todos los hombres y mujeres se salven y participen del banquete de la vida plena, concédenos abrir las puertas de nuestro corazón a nuestros hermanos, compartir los dones que Tú nos has dado y hacer de nuestro mundo un signo fraternal del Reino eterno. Amén

Página 3 de 82

YOU ARE HERE: