Directora Leticia Hernández Montoya ::: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Punto de Vista

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Mario Tassías
El cambio climático está agudizando la crisis de la migración. Las sequías, las tormentas con inundaciones, la contaminación del agua y el deterioro del suelo, así como otros impactos destructivos del desastre ambiental, provocan desplazamiento de millares de personas, principalmente mujeres y campesinos arruinados de sus comunidades rurales hacia las ciudades y hacia el Norte buscando desesperadamente su sobrevivencia y la de sus familias. Se calcula que 50 millones de personas han sido forzadas a emigrar debido a los efectos climáticos. Estos "desplazados climáticos" han venido a engrosar las filas de los más de 200 millones de seres humanos, según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), que hoy representan la peor crisis de migración que ha enfrentado la humanidad.
Como protesta y acciones alternativas, La Vía Campesina, www.viacampesina.org y otros movimientos sociales se están movilizando para la 16ª Conferencia de las Partes (COP 16) de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) que se celebrará en Cancún, del 29 de noviembre al 10 de diciembre de 2010. La fecha ya está ahí.
La COP 15 en Copenhague demostró la incapacitad de la mayoría de los gobiernos para enfrentarse a las causas reales del caos climático. Las negociaciones climáticas son un gran mercado. Los países industrializados, históricamente responsables de la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero, inventan todos los trucos posibles para evitar reducirlas. Por ejemplo, el "Mecanismo para un Desarrollo Limpio" (MDL) del protocolo de Kioto permite a los países seguir contaminando y consumiendo como de costumbre, a cambio de pagos mínimos para que supuestamente los países del Sur reduzcan sus emisiones. Lo que en realidad ocurre es que las empresas ganan doblemente: por contaminar y por vender falsas soluciones.
Vía e-mail, los amigos de LVC señalan que: “Muchos gobiernos de los países del Sur, encandilados por las potenciales ganancias, están apostando a estas falsas soluciones y negándose a implementar medidas que enfrenten el cambio climático, como dar apoyo a la agricultura campesina sostenible, orientar la producción hacia los mercados internos, establecer efectivas políticas de ahorro de energía por parte de la industria”, entre otros.
“Ya es hora de que la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) propicie políticas firmes para contribuir a solucionar el caos climático. Es preciso que los países se comprometan firme y vinculantemente para reducir de forma radical las emisiones de gases y cambiar por completo su modo de producción y consumo”.
“Las soluciones existen. Más de 35,000 personas se reunieron en abril de este año, en Cochabamba, Bolivia en la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra ampliando nuevas visiones y propuestas para salvar al planeta. Son estas miles de soluciones las que enfrenta efectivamente la crisis climática”. Entre otras: Defender los derechos de la tierra y el bosque; Rechazar la geoingeniería; Rechazar todos los esquemas de comercio de carbono y los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL); Rechazar cualquier participación del Banco Mundial en la gestión de los fondos y políticas relacionadas al cambio climático.
La investigación científica muestra que los pueblos campesinos e indígenas podrían reducir las emisiones globales actuales al 75% al incrementar la biodiversidad, recuperar la materia orgánica del suelo, sustituir la producción industrial de carne por una producción diversificada a pequeña escala, expandir los mercados locales, parar la deforestación y hacer un manejo integral del bosque. La agricultura campesina no sólo contribuye positivamente al equilibro del carbono del planeta, sino que crea también 2,800 millones de puestos de trabajo, para hombres y mujeres en todo el mundo, y es el mejor modo de luchar contra el hambre, la desnutrición y la crisis alimentaria actual.
El pleno derecho a la tierra y la recuperación de los territorios, la soberanía alimentaria, el acceso al agua como bien social y derecho humano, el derecho a usar, conservar e intercambiar libremente las semillas, la desconcentración y fomento a los mercados locales, son condiciones indispensables para que los pueblos campesinos e indígenas sigan alimentando el mundo y enfriando el planeta.
Las propuestas para alterar deliberadamente el clima, como el biochar y las plantas modificadas genéticamente para lograr un supuesto incremento de la reflectividad y la resistencia a las sequías, el calor y la sal, la fertilización del mar o la creación masiva de nubes sólo crea nuevos problemas inmanejables, no son soluciones. La geoingeniería es sólo un ejemplo más de cómo las empresas transnacionales están dispuestas a jugar con el futuro del planeta y la humanidad con el fin de crear nuevas fuentes de ganancias.
El anuncio está hecho: En Cancún, diversas organizaciones instalarán un campamento que unirá la fuerza y la resistencia de los pueblos campesinos del mundo, que ya están enfriando el planeta. El llamado es a los movimientos sociales, las organizaciones populares y a los pueblos de todo el mundo a organizar miles de protestas y acciones en rechazo de las falsas soluciones y las soluciones de mercado. La declaración está difundida: “Nos declaramos en movilización permanente hasta derrotar las negociaciones de gran mercado en Cancún en diciembre”.
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