Directora Leticia Hernández Montoya ::: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

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Sin tanto rollo

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Campo de batalla

Eduardo González Silva

A unas horas de que llegue al país la secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton, acompañada del secretario de las Defensa, Donald Ronsfeld, y de la responsable de la política interior, Janet Napolitano, en Monterrey se desató la guerra entre bandas de narcotraficantes.
Que tendrá que decir de este nuevo flanco que se le ha abierto al panista Felipe Calderón, que sigue atorado de que llegó a la presidencia de la República y aún sigue en el festejo con sus amigos, y quien está más ocupado en casar al dirigente nacional del blanquiazul con una extraordinaria cantante de la farándula nacional.
Al panista no le basta lo que ha sucedido en Ciudad Juárez, de cualquier modo nada ha propuesto en firme y de fondo para apaciguar aquella urbe fronteriza, por el contrario lo único que hay hecho es ir a burlarse de la población, cuando sus empleados fueron a repetir cifras triunfalistas en la disminución de los secuestros, robos y asaltos, pero eso no es lo que afecta a Chihuahua y a todo el país, sino la inseguridad, esa que se vive acá en las carreteras chiapanecas, en Tijuana, Sinaloa, Guanajuato, etcétera, donde la integridad de la ciudadanía las  autoridades responsables no la garantizan.
El gobernador priísta mediocre que llegó al poder impuesto por los grupos empresariales, se ha tardado en dar respuesta al problema desatado.
De la reunión entre los funcionarios federales panistas y estadunidenses el próximo 23 de marzo, nada espectacular que esperar de él, vendrá lo de siempre el trabajo coordinado, la responsabilidad compartida y haber hasta donde llega la situación.
Por qué, se preguntarán nuestros amigos lectores, pues por la sencilla razón de que el narcotráfico aunque ilegal es una actividad que a los estadunidenses les deja una derrama económica de 16.5 millones de dólares en armas.
De acuerdo a especialistas del Instituto Tecnológico Autónomo de México, publicado el viernes pasado en el periódico El Financiero, del año 2000 al 2008, ingresaron a México de las cuales el 90 por ciento eran provenientes de Norteamérica.
Es decir, aunque México no es productor de las llamadas drogas fuertes, sino lugar de paso, su  ubicación estratégica lo convierte en campo de batalla por los grupos criminales, tal como sucede en Ciudad Juárez, Tijuana, y toda la franja fronteriza de Tamaulipas.
Así que los panistas de Los Pinos seguirán festejando que ya van en el cuarto año de la administración felipista y que nunca jamás volverán a ocupar la silla presidencial.

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