Sin tanto rollo
Miércoles, 07 de Enero de 2009 04:18
La gran familia
Eduardo González Silva
La curia vaticana decidió que a mediados del presente mes la Ciudad de México sea sede del Encuentro Mundial de la Familia, evento que se llevará a cabo en el majestuoso Centro de Negocios de Banamex, allá en el Distrito Federal.
Algo que sin duda por los momentos de inseguridad, violencia y deterioro de la sociedad mexicana de ninguna manera deberá quedar en sólo buenos deseos además de la asistencia de niñas y niños bien, traídos de todas partes de la República.
En dicho Encuentro se deberán presentar propuestas y exigencias para acciones concretas que impidan el avance de males que aquejan a los mexicanos, y que revelan la crudeza con que se responde ante la abismal injusticia y desigualdad social en que se vive.
La familia núcleo central de toda sociedad, de acuerdo a la sociología, en este país como institución comienza a resentir los estragos realizados por los malos gobernantes, empresarios, funcionarios públicos, partidos políticos, desde luego los propios representantes de la jerarquía católica, que han tolerado y en algunos casos se han visto envueltos en múltiples casos de violación a infantes, secuestros, tráfico de influencias y drogas, y hasta ser parte del crimen organizado.
Una pregunta que seguramente jamás será respondida, dirigida a las diócesis de Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal de Las Casas y de Tapachula, ya elaboraron sus propuestas que presentarán en el Encuentro de las Familias.
Los responsables de cada una de las tres diócesis en que está divido el estado de Chiapas, los señores obispos ya habrán platicado con sus feligreses, de cuáles asuntos serán los que lleven a tan destacado evento?
No es cualquier cosa, es un encuentro de carácter internacional, por lo tanto será escuchada la voz de miles de personas, que hablarán seguramente de la falta de valores éticos dentro de cada una de las sociedades, y que ha llevado al actual estado de cosas, sin el compromiso explícito de los altos dignatarios católicos por detener lo que hoy es ya un escándalo.
Aquí en Chiapas y en todo México, la desintegración familiar se observa ya como un fenómeno casi normal, que a nadie asusta, padres que debieron salir de sus hogares en busca del sustento diario, mujeres jóvenes que debieron dedicarse a tareas menos nobles como la del sexo servicio para poder alimentar a sus hijos.
Jóvenes mujeres y hombres que debieron emigrar hacia los Estados Unidos, pues en este país no hay oportunidades para los sectores más desprotegidos, que no sea la de poder estudiar hasta la primaria y luego dedicarse a limpiar casas particulares, y sin dominar bien a bien "la castilla".
Es necesario que en la próxima homilía dominical los señores obispos chiapanecos le digan a su grey, qué tipo de planteamientos van a presentar en el Encuentro de la Familia, si no para qué tanto ruido, si no al final sólo va a ser un escaparate más para la televisión comercial.