Directora Leticia Hernández Montoya ::: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Sin tanto rollo

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Recargado

Eduardo González Silva

Hace seis años confiado en que los sondeos de opinión marcaban una considerable ventaja de más de 10 puntos sobre los demás aspirantes a la presidente de la República, el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador desdeño acudir al primer debate entre candidatos, y en el que si estuvo presente el panista Felipe Calderón.
Aunque el nivel del debate y su contenido fue insignificante, el perredista comenzó a ver que en este México de cuarta la figura de un político se construye en los medios de comunicación, que para el sistema político ni le importa y ni existe la población marginada conformada por 55 millones de personas.
La popularidad es más que efímera y la de López Obrador creció gracias a sus conferencias de prensa matutinas que ofreció todos los días como jefe del gobierno capitalino a lo largo de cuatro años.
Con esa estrategia dictó la agenda nacional, desde ahí en un principio llamó a Fox deslenguado y a torpedear error tras error del guanajuatense para colmarle el plato, quien en su enojo con un infantil pretexto intento llevarlo a la cárcel.
El perredista pensó que quedaba bien con la ciudadanía al entablar pleito personal con el presidente de la República, que para ese entonces ya había claudicado a ejercer el poder y entregado el mismo a su reciente esposa Marta Sahagún,
Así mandó al carajo dar continuidad a la alternancia del poder y terminó por confundirla con transición a la democracia, un error histórico tanto que hoy el PRD tiene  que pagar, al formar alianza con el PAN, primero para no hacer un ridículo papel en estados donde alguna vez logró tener influencia y segundo para no llegar a casi su desaparición.
El político tabasqueño sintió todavía más cerca de su ser el canto de las sirenas, cuando Manuel Camacho Solís, le hizo creer que con base a las encuestas de la empresa Covarrubias que su triunfo era inminente, sin absoluta conciencia de clase, se metió ingenuamente al juego de la democracia a la mexicana, para concluir en el chanchullo y perder el que sería el primer triunfo en México de un movimiento popular.
Con sorprendente asistencia el pasado domingo 25 del presente mes al Zócalo capitalino de miles de simpatizantes a López Obrador, éste reiteró el propósito de volver a competir para los comicios presidenciales del 2012.
La adversidad es el principal acompañante del aún perredista, distintos medios nacionales escondieron la información del evento, que más allá de su reiterativo discurso contra el sistema político, sorprendió a todos por la cantidad de gente congregada en torno a su presidente legítimo.
Una capacidad de convocatoria que todavía mantiene, imperceptible en la propia opinión pública, que sin duda le será útil para construir propia candidatura, ahora sí fuera de los reflectores, y así a 18 meses de que se decidan las candidaturas presidenciales se presenta para la contienda política un López Obrador recargado.
Una vez más vuelve a ser no el mejor sino el menos peor entre los que aspiran a ocupar la silla presidencial, quien debe recordar que más allá de sondeos de opinión, debates y supuestos actos de campaña, es a los pobres a los que nadie, pero nadie ha enseñado que pueden y deben votar.
Si emprende y cumple con esa tarea, López Obrador verá cumplida su propia sentencia de que será el pueblo el que lo lleve a ocupar a final de cuentas la presidencia de la República, tiene el uno por ciento de camino andado le falta el otro 99 por ciento.



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