Directora Leticia Hernández Montoya ::: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Yordanis

Mucho más que números

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Yordanis G. Puerta de Armas
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Es normal escuchar cada día que se ha roto determinado record. Es este un tema que obsesiona a muchos: el conocer quien es el rey de los 100 metros planos o quien amasa la mayor fortuna del mundo. Sin embargo, hay otros números que no parecen interesarle a nadie, en este caso está la cantidad de hombres y mujeres que han muerto en las guerras en Iraq y Afganistán en los últimos años.
Un comunicado de prensa de la organización antibélica Military Families Speak Out (Hablan las familias de los Militares), grupo organizado en el 2002, asegura que Estados Unidos sobrepasó la vara de los 5 000 militares muertos en sus guerras en estas dos naciones de una de las regiones más convulsas del planeta.
La cifra no incluye a los uniformados que han muerto meses después de haber sido heridos en el cumplimiento de su servicio en esos escenarios guerreros, lo que aumentaría más aún los datos oficiales del Departamento de Defensa de los EUA.
Las campañas bélicas de la administración de George W. Bush y que heredó el demócrata Barack Obama, no parecen tener punto final en el más corto plazo. El mandatario hace oídos sordos y también el Congreso de los Estados Unidos que acaba de aprobar otro financiamiento para continuar en Iraq y Afganistán, y para lo que Obama había solicitado, al mismo estilo de Bush, un presupuesto adicional de 84 300 millones de dólares.
Curiosamente, ambas cámaras del Congreso le subieron la parada al actual mandatario: los representantes aprobaron 96 700 millones y los senadores 91 300 millones, montos que deben conciliarse para la firma final de Obama, quien además está extendiendo la guerra hasta Paquistán.
Además de enormes sumas de dinero que resolverían perentorios problemas sociales de Estados Unidos –salud, vivienda y educación, entre otros– si fueran bien empleados, estas guerras añaden las más costosas pérdidas: las vidas humanas, la salud mental y física de quienes quedaron mutilados, los sufrimientos de sus familiares, y hasta los irreparables daños a la moral de un país imperial. Por su puesto, habría que contar, no en igualdad de condiciones, sino multiplicadas en pesadumbres, la situación de los agredidos, invadidos, ocupados, masacrados, encarcelados, torturados, que se cuentan por millones en los pueblos mesopotámicos y centroasiáticos.
Nada de esto conmueve a quienes ganan con las guerras del imperio: el complejo militar industrial y su maquinaria de propaganda se regodea en medio de la crisis económica y del baño de sangre en que cinco mil y más murieron, y morirán. Cierto que es mucho mejor dedicarse a seguir las estadísticas del mundo del deporte o de las finanzas en lugar de ver en los impactos de la guerra mucho más que números.

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